Oriente Medio

Se regalan periodistas

Joven, con talento, con ilusión pero sin futuro. Si juntas todo esto podría salir el prototipo de cualquier universitario deseoso de terminar la carrera para adentrarse en la profesión que ha estado mamando durante cuatro, cinco o diez años. Pero el periodista es otra historia.

Recuerdo muy bien una frase de Ben Bradlee leyendo un libro sobre entrevistas a periodistas reconocidos, que dieron su opinión sobre la situación del periodismo en 2009. La frase decía “nos hacemos periodistas por el deseo de arreglar las cosas torcidas”.

Al principio todos nos identificamos con esa frase, nos hacemos periodistas por el deseo de cambiar las cosas, destapar mentiras, derrocar gobiernos…En definitiva, de dejar huella en el mundo.

Pero a medida que avanzamos en la carrera, la ilusión y perspectivas de futuro que nos definía se va quedando tendida en los pupitres, esos  que al principio ocupábamos con orgullo, preguntándonos ¿cómo vamos a brillar si se despide a tantos periodistas que ya son brillantes? Las oportunidades de triunfar son pocas, y sólo nos quedará esperar un puesto de becario en algún gabinete de prensa.

Visto lo visto, y sin ningún tipo de pesimismo (aunque no lo parezca) lo más sensato por mi parte, como futura periodista,  es levantarme, quitarme el polvo y formarme en todos los ámbitos que pueda y tras esto diferenciarme en aquello que sé que puedo destacar.

Tras esto tendré los instrumentos para comenzar a enderezar el mundo, o lo que quede de él.

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